
Lacar puertas y armarios al pintar el piso
Es lo que más pide la gente cuando ya está pintando: las paredes quedan limpias y de repente las puertas de madera oscura se ven más viejas que antes. Lacarlas en blanco cambia la casa entera.
Las paredes nuevas dejan la puerta vieja en evidencia
Ocurre siempre y tiene explicación. Una casa de los años ochenta o noventa suele tener puertas de sapelly o de roble oscuro, con marcos y rodapiés a juego. Mientras las paredes estaban apagadas, el conjunto tenía cierta coherencia. En cuanto se pinta de blanco, el contraste se dispara y la carpintería pasa a ser lo primero que ve cualquiera que entra. Por eso la mitad de los encargos de lacado nos entran a mitad de un trabajo de pintura, y por eso conviene decidirlo antes de empezar y no después.
Casi todo lo que se laca ahora es blanco, y no es solo moda: es lo que más ilumina un piso, lo que menos envejece y lo que menos discusión da si algún día hay que vender. Lo importante es saber de qué está hecha cada puerta antes de tocarla, porque una puerta maciza, una chapada en madera fina y una de melamina no llevan la misma imprimación. Ahí es donde se decide si el lacado dura o si en dos años empieza a marcarse el veteado por debajo. Es la pregunta que hacemos primero y la que más presupuestos por teléfono deja sin cerrar, porque no se puede adivinar sin verla.
- Identificación del material de cada puerta antes de presupuestar
- Desmontaje de herrajes, manillas, bisagras y cerraderos
- Lijado completo hasta abrir el poro o matar el barniz
- Imprimación específica según sea maciza, chapada o melamina
- Dos manos de laca aplicadas a pistola para acabado sin marcas
- Marcos, tapajuntas y rodapiés a juego, que es lo que remata el conjunto
Cuándo tiene sentido lacar y cuándo no
Suele plantearse en estos casos:
- Habéis pintado y las puertas han quedado desentonando
- Los armarios empotrados son de madera oscura y comen luz
- El barniz de las puertas está agrietado o pegajoso
- Hay puertas con golpes y marcas de años en la parte baja
- Vais a alquilar y queréis una carpintería neutra
- Cambiar puertas nuevas se ha ido de presupuesto
Cómo lacamos puertas y armarios
Todo empieza sabiendo de qué está hecha cada hoja. Maciza, chapada o melamina no llevan la misma imprimación, y ahí se decide todo.
Miramos de qué está hecha cada hoja
Maciza, chapada en madera natural o de melamina. Se ve por el canto y por el peso, y cambia la imprimación entera. Una melamina lacada sin la imprimación correcta se pela al primer golpe de uña, y eso no se arregla dando otra mano encima.
Quitamos manillas, bisagras y topes
Manillas, bocallaves, bisagras y topes fuera. Lacar con la manilla puesta y encintada se nota siempre en el contorno, y es la señal más rápida de un trabajo hecho con prisa. Lo que no se puede desmontar se protege con cuidado.
Lijamos hasta que agarre
Se lija toda la superficie para quitar el brillo del barniz y abrir el poro. Es la parte que más polvo genera y la que decide el resultado: sobre un barniz sin lijar la laca queda encima sin agarrar, y salta en las zonas de roce.
Imprimación y dos manos a pistola
La imprimación sella la madera y evita que el tanino de las maderas oscuras suba y amarillee el blanco con el tiempo. El acabado se da a pistola porque el rodillo deja textura y la brocha deja marca, y en una superficie lisa y blanca eso se ve desde la puerta.
Montamos y repasamos los cercos
Se devuelven los herrajes y se repasa el encuentro del cerco con la pared, que es donde se junta el trabajo de pintura con el de lacado. Si esa línea no está limpia, da igual lo bien que esté la hoja.
De qué depende lacar la carpintería
- Cuántas hojas y cuántas caras. Se cuenta por hojas, y una puerta tiene dos caras más los cantos. Un armario empotrado de cuatro hojas correderas es bastante más trabajo que cuatro puertas de paso, porque llevan más superficie continua y menos sitio donde agarrarlas.
- De qué material son. Una maciza de madera es la más agradecida. Una chapada pide cuidado para no atravesar la chapa al lijar. Una melamina necesita imprimación específica y es la que peor perdona un atajo. El material manda más que los metros.
- Si se lacan también marcos y rodapiés. Es lo que remata el conjunto y lo que más se olvida al pedir presupuesto. Lacar las hojas y dejar los marcos en madera oscura deja el trabajo a medias, y a la vista queda peor que no haber hecho nada.
- Dónde se hace el trabajo. En casa, con la puerta colgada o tumbada, o desmontando y llevándolas a taller. En taller el acabado es mejor y en casa no te quedas sin puertas unos días. Cada opción tiene su precio y su inconveniente, y se decide contigo.
- El estado de partida. Un barniz sano se lija y listo. Un barniz agrietado, pegajoso o con capas acumuladas hay que retirarlo, y eso puede duplicar las horas de preparación. Se ve al tocar la puerta, no por teléfono.
Preguntas sobre lacar en blanco
Depende del estado de la hoja y de cuántas sean. Si las puertas son macizas y están sanas, lacarlas suele salir bastante más a cuenta que cambiarlas, y además una maciza antigua pesa y cierra mejor que muchas puertas nuevas. Si están huecas, abolladas o con la chapa levantada, el lacado disimula pero no las arregla, y ahí sí conviene mirar el cambio. Te lo decimos en la visita con franqueza, aunque nos quedemos sin el trabajo.
Si se hace en casa, no te quedas sin ellas: se trabajan en el sitio, protegiendo, y como mucho pasas un día con alguna hoja descolgada apoyada. Si se llevan a taller, cuenta entre tres días y una semana según cuántas sean, y en ese tiempo los huecos quedan abiertos. Para casas con niños, con mascotas o donde alguien duerma de día, casi siempre compensa hacerlo en casa aunque el acabado a taller sea algo más fino.
Casi nunca queda bien que sea exactamente el mismo. Lo habitual es que la pared vaya en un blanco roto o en un tono muy suave y la carpintería en un blanco más puro, para que las puertas recorten limpias sobre la pared en vez de fundirse con ella. Si se pone todo idéntico, la casa se ve plana. Es una decisión de cinco minutos que cambia bastante el resultado y la vemos juntos con las muestras en la mano.
Sí, pero es el caso que más preparación pide. La melamina es una superficie cerrada, como el azulejo: hay que lijarla para quitarle el brillo y aplicar una imprimación de agarre específica antes de la laca. Hecho así aguanta muy bien el uso diario. Hecho a la ligera, se marca con la uña al poco tiempo. Si alguien te presupuesta lacar melamina al mismo precio que lacar madera, algo se está saltando.
No si se sella bien. En maderas oscuras como el sapelly, el tanino tiende a subir y a amarillear el blanco con los meses si no se pone una imprimación selladora. Con la imprimación correcta el blanco se queda blanco. Es otra de esas cosas que no se ven el día que se entrega el trabajo y se ven a los dos años, y por eso conviene preguntarlo antes.
Sí, aunque conviene mirar el conjunto. Lacar tres de siete puertas deja la casa a dos colores, y salvo que sean plantas distintas o zonas separadas, suele cantar. Lo que sí tiene sentido es hacerlo por fases: este año la zona de dormitorios y el año que viene el resto. Si vas a hacerlo así, dilo, y guardamos la referencia exacta del blanco para que la segunda tanda case con la primera.
¿Quieres lacar las puertas al pintar la casa?
Te decimos de qué son tus puertas y qué se puede hacer con ellas. Presupuesto sin compromiso.